martes, 11 de junio de 2013


Hugo Zemelman en la construcción de la Universidad Indígena


Emilio Hurtado Guzmán[1]




El profesor Hugo Zemelman nació en la ciudad de Concepción, República de Chile, en 1931. Estudió sociología y fue catedrático de la misma carrera en la Universidad de Chile. Tuvo que abandonar su país debido al golpe militar del 73. Llegó a México donde estableció su residencia y fue docente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Director del Colegio de México. Actualmente es Director del Instituto para el Pensamiento y la Cultura de América Latina (IPECAL). Es un renombrado pensador de nuestro tiempo cuya obra gira en torno a la presencia del sujeto en las personas y cómo potenciarlo en la transformación de la sociedad capitalista.

Su relación con Bolivia data de su juventud, cuando aún era un estudiante universitario y observó con entusiasmo desde su país los acontecimientos del proceso de cambios que se dieron a partir de la Revolución Nacional del 52. Como para muchos jóvenes intelectuales latinoamericanos, para él esa fue una referencia de esfuerzos de construcción política-social valiosa en esos tiempos.

Muchos años después, en una disertación en octubre de 2011 en Cochabamba, como docente del diplomado “Pedagogía para la descolonización de la educación” de la Universidad Indígena de Bolivia (UNIBOL), se refirió a esa etapa de la historia boliviana comparándola con los acontecimientos políticos de los últimos 10 años: “Esos años fueron muy significativos para muchas personas y muchos movimientos del continente, y vuelve ahora, a inicios del siglo XXI, Bolivia de nuevo a conformarse en una experiencia referencia. Creo que los procesos de nacionalización del 52 acá y los que se inician ahora, también marcan la nueva manera de esfuerzo no sólo intelectual sino político concreto de avanzar en esa dirección, de mostrar las posibilidades de que en América Latina se pueden construir sociedades diferentes, sociedades incluyentes, más respetuosas de su propia historia, de la multiplicidad de culturas que persisten históricamente.”.

Fue aquella oportunidad también su acercamiento más cercano con Bolivia. Ese curso de diplomado tuvo como fin sentar las bases para la construcción de una nueva pedagogía desde las culturas indígenas y la comprensión epistemológica para la producción del conocimiento indígena desde una universidad, y Zemelman se vio involucrado como uno de los actores principales que aportaron con sus reflexiones en uno de los proceso de construcción educativa boliviana de importancia, como es el de la Universidad Indígena.

Su valoración de los esfuerzos de construcción de nuevas sociedades más incluyentes desde abajo, desde los sectores populares y los pueblos indígenas, lo ha llevado a pensar la constitución del sujeto y su potencialidad para transformar sus circunstancias adversas. Hoy, en una época en la cual muchos han sido absorbidos por el ritmo de vida moderno y reducido sus vidas prácticamente a sus roles, a funciones que cumplen para poder subsistir, Zemelman señala la urgencia primera de recuperarse como personas. ¿Cómo comenzamos a pensar más allá de nuestros roles? Puesto que, por ejemplo, un médico o un agrónomo además de manejar la técnica y la tecnología como profesional, es también padre, hermano, amigo, vecino, ciudadano, etc. Por lo tanto, no podemos ajustarnos sólo a los roles socio-económicos, a los cuales se nos impone ajustarnos pasivamente sin pensar y actuar para transformar nuestra realidad.

De acuerdo a este punto de partida, Zemelman plantea como reto ponerse a la altura de las circunstancias. Si hoy las circunstancias tienen que ver con un tránsito hacia el reconocimiento de la plurinacionalidad, un profesional, cualquiera sea este, no puede quedar indiferente porque forma parte de esas circunstancias, se enfrenta todos los días a ellas. Y, el no quedar indiferente es pensar más allá de lo que otros nos sugieren que pensemos, y actuar a partir de ese pensar propio. Pensar y actuar son dos elementos fundamentales en la constitución del sujeto erguido del cual nos habla Zemelman en sus diferentes libros.

Este punto de partida también estuvo presente en la Universidad Indígena el 2011, cuando el profesor se refirió al contexto histórico, al cual mencionamos muchas veces en el discurso pero éste se queda en sí mismo; es decir, el discurso no puede traducirse en políticas educativas, económicas, sociales, etc.

La lectura de la realidad no se puede traducir en acciones prácticas. “Si no tengo claro el tránsito del discurso a la elaboración de políticas lo hago como lo sé, como es lo habitual, como es mi experiencia acumulada, como me lo dijeron mis profesores, o como me lo dijeron los asesores externos de la FAO o de donde sea, que no tiene porque pensar en este caso la política agraria desde las exigencias del proyecto plurinacional, porque eso puede ser contradictoria a la sociedad plurinacional. Esta es la primera cuestión que hay que plantearse en el plano de la formación”. Argumentaba entonces, e incitaba a los diplomantes a abordar éste tema de manera autónoma como docentes y profesionales; es decir, desde las universidades indígenas se debe pensar el contexto histórico actual y construir propuestas políticas a partir de la lectura de nuestra realidad concreta, y no sólo sistematizar y adecuar propuestas ya trabajadas por investigadores y cientistas a partir de experiencias ajenas a nuestra realidad.

Por otro lado, la lectura de nuestra realidad no podemos hacerla a partir de una historia sometida a leyes, que es lo que generalmente se hace por eso se cae en el error, sino a través de espacios no determinados legalmente y esos son los espacios de construcción del sujeto, como asegura Zemelman. Estos espacios de acción no se ven en la historia nacional formal-oficial que todos conocemos, por ejemplo, o en la historia universal, sino están en la memoria de las personas de modo local, que se han formado a partir de las experiencias de enfrentar las circunstancias a través del tiempo, circunstancias que han incidido en las diferentes dimensiones de los individuos y los han constituido como sujetos erguidos en determinados momentos.

¿Por qué la Marcha Indígena por el Territorio y la dignidad sucedida a inicios de los 90?, podemos hacernos esta pregunta por ejemplo. Esto sólo ha sido posible a partir de la voluntad de miles de personas que se han visto afectadas en su corporalidad y en su modo de ser concretos, por las circunstancias frente a las cuales han decidido no someterse sino enfrentarlas para transformarlas.

Si hoy hablamos de la construcción de un Estado Plurinacional que es nuestra lectura de las aspiraciones de los bolivianos, ¿cómo, frente a esas circunstancias, desde la Universidad Indígena o desde otro lugar, se puede proponer políticas en camino hacia esa construcción? Primero, es necesario recuperar y recuperarnos como personas humanas en todas nuestras dimensiones, esto significará ponernos frente a esas circunstancias no sólo como profesionales con capacidad técnica y tecnológica, sino como personas que tienen cultura, como padres y como hijos en la familia, como vecinos en el barrio, como ciudadanos en el Estado, como prójimos en la comunidad cristiana, como seres humanos en la naturaleza, etc.

De ahí, en una entrevista junto a Estela Quintar, renombrada intelectual argentina, sobre pedagogía, el profesor formulaba la siguiente pregunta, que todo docente debe formularse en la formación de las personas para asumirse como sujetos: “¿Cómo capacitarlo para que construya?”. Es decir: ¿Cómo capacitar o formar en las escuelas, en los colegios, en las escuelas normales, en las universidades, para que las personas se asuman como sujetos erguidos, y formen también en el futuro a generaciones venideras de esa manera?

Formar a un niño en la escuela no es solamente formar sus capacidades para la técnica, llenarlo de conocimientos que serán una suerte de instrumentos útiles, y claro le ayudarán en su vida, sino también implica formar su subjetividad. En esta última dimensión se puede hacer de él un sujeto mínimo sin capacidad de generar ideas propias, sin voluntad de crear y construir sus propias técnicas y tecnologías adecuadas a su realidad, que se acople acríticamente a un sistema económico-social y lo reproduzca; o, por lo contrario, se puede hacer del educando un sujeto erguido que cuando tome un libro no sea para asumir teorías, categorías o propuestas al pie de la letra o de memoria, sino que dialogue con los autores a través de una lectura reflexiva contrastando las ideas de estos con las suyas, que sea capaz de pensar e incidir en la transformación de su realidad con la toma de acciones a partir de ideas propias, que frente a las técnicas y tecnologías de la modernidad oponga sus ideas sobre técnicas y tecnologías más adecuadas a su realidad, en este caso plurinacional.

Si pensamos en la Universidad Indígena, donde la totalidad de los estudiantes vienen de las comunidades indígenas, y además, este nuevo tipo de universidad ha sido una propuesta de los pueblos indígenas para no reproducir los valores de la modernidad que vienen agazapados a sus técnicas y tecnologías modernas, y que se traducen en el individualismo y la discriminación, ¿cómo debe formar un docente? ¿Frente a esas circunstancias qué hacer? Esa situación es parte del contexto histórico boliviano actual que se visibiliza, que no puede estar reducida al discurso sino debe traducirse en acciones.

De aquí la importancia de la voluntad o predisposición para pensar y actuar sin temor a fracasar, pese a nuestras limitaciones que tienen que ver con una formación a partir de una pedagogía del “Bonsai”, como bien lo denominó Estela Quintar a la pedagogía más común y oficial de la enseñanza en América Latina, diseñada para producir y reproducir al sujeto mínimo incapaz de construir su propio destino.

Un esfuerzo por comprender nuestra realidad y construir, significa también un quiebre epistemológico, puesto que hasta ahora habíamos basado la producción de conocimientos en la objetivización de la realidad a la cual nos dirigimos para estudiarla. Ahora debemos comprender, por lo contrario, que formamos parte de esa realidad y no podemos dirigirnos a ella como a un simple objeto para analizarlo. Por eso, trascendemos los roles que nos impone el sistema económico-social, y así podemos ver con mayor claridad los problemas de nuestro entorno para superarlas.

Así, a partir de las reflexiones del profesor Zemelman, se evidencian como uno de los retos para la Universidad Indígena, constituirse en generador de propuestas políticas para incidir en el contexto histórico, que hoy tiene que ver con el Estado plurinacional, partiendo de una lectura directa de la realidad boliviana y el pensar propio desde las circunstancias que los interpelan a docentes y estudiantes todos los días dentro de las aulas y fuera de ellas.

Un segundo reto, es el de formar para construir. ¿Cómo, con qué y de donde debe partir el docente para formar a sus estudiantes para que estos sean sujetos erguidos? En este caso las circunstancias tienen que ver con una población indígena que exige que se parta de las culturas indígenas para formar, y eso requiere primero una profunda discusión de lo que se entiende por cultura y cultura indígena. El estudiante sólo podrá autovalorarse y asumirse como sujeto en la práctica profesional, como en otro ámbito de su vida, si valora sus raíces comprendiendo que los logros culturales de sus ancestros no están por debajo de otros logros.

Y, por último, necesariamente el docente, profesional o investigador de la Universidad Indígena, debe hacer un esfuerzo epistemológico y construir sus propios métodos de producción de conocimientos oponiéndolo al método científico que tanto lo ha alejado de su realidad, especializándolo para mirarla como objeto ajeno a su propia subjetividad.


Santa Cruz de la Sierra, 7 de junio de 2013


[1] Fue docente guía en el Diplomado “Pedagogía para la Descolonización de la Educación” en la Universidad Indígena de Tierras Bajas Apiaguaiki Tüpa, una de las universidades de la UNIBOL.