viernes, 4 de febrero de 2011

Reflexiones sobre la condición colonial:

Una procesión en San Javier
La colonización subjetiva[1]
Emilio Hurtado Guzmán
Colonización
La colonización puede ser definida como el proceso por el cual un determinado grupo de personas de un país concreto ocupa un territorio que no es suyo con el fin de explotar sus recursos naturales y humanos, anexándolo a las posesiones del Estado al que pertenece. Para esto, claro, tiene que haber una justificación, porque no se puede ocupar un territorio que pertenece a otros sin un pretexto que aparente justo. Por lo tanto, se crea el mito de la inferioridad del otro y su correlato, el mito de la superioridad del colonizador. Se dirá, por ejemplo, que el territorio a ocupar está habitado por tribus incivilizadas y que el régimen colonial los civilizará, que son tribus paganas y viven fuera de la ley de dios y que el régimen colonial los evangelizará y salvará sus almas, etc. Así se encubre el verdadero fin de la colonización, que tiene que ver con la acumulación de riquezas a través de la explotación de los recursos naturales y humanos con las que cuenta el territorio a colonizar, y no así con las buenas intensiones del colonizador, que en realidad con relación al respeto al otro no las posee.
Bien, ocupar un territorio para el colonizador puede significar poblarlo construyendo ciudades y estableciendo instituciones de gobierno, o simplemente controlarlo con cierta presencia estatal, si no se trata de territorios habitables, aptos para la vida humana, aunque cuenten con ciertos recursos naturales. De una u otra manera, la colonización no será posible si no se cuentan en el territorio a colonizar con fuerza de trabajo para ocuparla en el aprovechamiento de sus recursos naturales. Para que la colonización cumpla su fin de brindarle riquezas al colonizador, este deberá trasladar personas a su territorio ocupado para utilizar su fuerza de trabajo en la explotación de los recursos, o, si existe grupos nativos debe dominarlos para explotar su fuerza de trabajo de estos, en caso de ser imposible debe eliminarlos para que no resulten un obstáculo a los fines colonizadores y optar por la importación. De esta manera, la colonización no podremos entenderlo sin el factor fuerza de trabajo, recursos humanos. No hay colonización donde no se puede contar con fuerza de trabajo a ser explotada. Los recursos naturales y riquezas en general no se extraen por si solas. El colonizador puede perder interés en el territorio que quiere colonizar si este no cuenta con grupos humanos posibles de dominar para ser explotados, o si le es imposible trasladar grupos humanos a ese territorio. Pensemos en países como Cuba, a los cuales se tuvo que trasladar una gran cantidad de esclavos negros del África, o en ciudades como Santa Cruz cuya fundación no hubiera sido posible si los españoles no hubieran constatado la existencia de decenas de grupos étnicos en la chiquitanía, pero también en Potosí cuyo cerró devoró a miles de indígenas no sólo del Altiplano, sino de distintas partes del subcontinente.
El colonizador se apropiará de un territorio que no es suyo para explotar sus recursos naturales. Su mirada está por ejemplo en el oro, la plata, las especias, la madera, etc. Para ello necesita fuerza de trabajo. Su mirada entonces se dirige a las sociedades nativas del territorio que quiere colonizar, a las cuales de todos modos tiene que dominar si quiere iniciar su proceso colonizador. De esta manera, el colonizador se presenta primero como conquistador. Se valdrá de distintas estrategias, desde las más sutiles hasta las más violentas, para conquistar a las sociedades nativas. Recurrirá principalmente a la división de las sociedades nativas para dominarlas por medio de ellas mismas. Con el dominio del territorio o de gran parte de él, y de una buena parte de su población, paralelamente el colonizador ha iniciado la explotación de los recursos naturales y humanos de lo que comenzó a ser su colonia.
Para ejercer y administrar la dominación de su colonia el colonizador impone lo que se denomina colonización política, que es la subordinación de las instituciones de los antiguos estados de las sociedades nativas a las instituciones de dominación colonial, o simplemente se traduce en el desconocimiento de las antiguas instituciones estatales nativas y la imposición de las instituciones coloniales. En lo que respecta a la práctica económica colonial, el colonizador subordina los sistemas de producción y de trabajo nativos a su propia acumulación a través de la explotación de los recursos naturales y la fuerza de trabajo. La dominación colonial se traduce en el control constante y la violencia extrema hacia el colonizado, para que este se resigne a la subordinación, no se levante contra su colonizador. Hasta aquí es insostenible la colonia a largo plazo. Para que lo sea, incluso, más allá del mismo dominio de colonizador en el tiempo, se debe iniciar una verdadera colonización subjetiva.
La colonización subjetiva
Si bien el colonizador, en un inicio, ha logrado dominar a las sociedades nativas por la fuerza de las armas, no se siente vencedor aún, no se puede sentir. Sabe que en cualquier momento sus dominados pueden rebelarse, o si una parte ya lo hizo y se esconde en la clandestinidad puede atacarlo y así poder liberar a los suyos, entonces su colonia se vendría abajo, él mismo sería eliminado. Las sociedades dominadas, no se resignan ni lo harán jamás a estar sometidas por la fuerza de las armas, porque mantienen una conciencia colectiva autónoma, tienen una identidad nacional, y en general una subjetividad de libres. Mientras se mantenga esta subjetividad continuaran reproduciéndose como sociedades concretas, autónomas en su modo de pensar y crear ideas, aunque frente al colonizador demostrarán sumisión pero esto sólo mientras se encuentren en desventaja de fuerza, incapaces de ir por su liberación.
La subjetividad humana está conformada por todo lo que es propio y característico del sujeto humano que lo diferencia del objeto. La vida en primer lugar, luego para vivir el alimentarse, el pensar y crear ideas para mejorar su modo de vida, el sentir emociones, el actuar conforme a una conciencia, todo eso es propio del sujeto humano que lo diferencia del objeto. En la colonización unos sujetos tratan a otros como objetos. El sujeto colonizador trata a los grupos humanos que ha dominado como objetos de explotación. El colonizador entiende que solamente él es sujeto, por lo tanto, sólo él tiene derecho a una vida plena. Consume buena parte de la vida del colonizado en la explotación, quien por esto vive poco y mal. El colonizado no puede alimentarse bien, pues con la comida que le da o el poco dinero que le paga el colonizador, apenas tiene para subsistir.
Las sociedades al ser dominadas ya no podrán contar con el tiempo del que antes disponían para reproducirse, pues su tiempo de trabajo se ha ampliado con la explotación, sin embargo buscaran la manera de encontrarse aunque en breves momentos para seguir siendo lo que son y siempre fueron a pesar de su actual condición de dominación. Por las noches tal ves los más ancianos serán el centro de reunión donde se rememorará la historia de las victorias bélicas, de los descubrimientos cognitivos que los antepasados hicieron de la naturaleza, de la protección de los espíritus del bosque, o tal ves se recuerde y celebre todo esto con bailes, cantos y juegos tradicionales.
Hasta aquí el sometimiento por la fuerza de las armas ha provocado un impacto en la subjetividad del colonizado negativa para el colonizador. El dominado está sentido, no se puede resignar a ser explotado, piensa rebelarse contra su colonizador, se siente derrotado es cierto, pero aún no inferior. El colonizador debe ahora influir en la conciencia del colonizado, hacer que éste tenga conciencia de dominado, pierda su autonomía, su identidad nacional, se crea a sí mismo irremediablemente dependiente de su dominador. Ahora debe colonizar la mente del dominado, para que su colonia perdure más allá de su propia existencia en el tiempo. Entonces, la colonización subjetiva se traducirá en el proceso por el cual se hará que el sujeto dominado asuma el vivir en la explotación, mal alimentado, con serias limitaciones para pensar y crear ideas, como algo normal, natural. Para eso el colonizador le obligará al colonizado a adorar a otro dios y negar a sus propias divinidades, le impondrá instituciones que interioricen a sus nuevas generaciones otros valores y normas ajenos a su propia sociedad, le impondrá castigos públicos como espectáculos aleccionadores. De esta manera, la colonización subjetiva se presentará con la evangelización, la educación, el suplicio y el castigo servil.
La evangelización
En el Oriente boliviano, por ejemplo, los misioneros jesuitas impondrán una vida de duro trabajo y estrictamente religiosa católica en las reducciones chiquitanas y moxeñas. Interiorizaran en la mente del indígena la existencia de un dios poderoso, creador de todo lo existente. Los sacerdotes exigirán la asistencia a misas todos los días y dos veces por día: al iniciar la mañana y antes de dormir; de esta manera también tratarán de evitar el encuentro de los hombres y mujeres jóvenes y adultos con las generaciones ancianas poseedoras de los conocimientos ancestrales de la sociedad indígena. Los colonizados, así, irán poco a poco afirmando su creencia en un dios venido de afuera y olvidando a sus propias divinidades. Luego querrán ser como uno de los santos de los que habla la biblia, alguien que da la otra mejilla, ya no como el valiente guerrero que defiende su territorio y su nacionalidad.
La educación
El colonizador impondrá instituciones especializadas que eduquen al colonizado con normas, valores y conocimientos ajenos a su sociedad. Se dará, lo que Felix Patzi ha llamado: proceso de enajenación educativa. La educación de la sociedad nativa ejercida por las generaciones adultas, ya no estará sólo a cargo de estas, sino principalmente de la escuela que se estructurará de acuerdo a la clase de personas que quiere el colonizador formar de las nuevas generaciones de sus colonizados. Por ejemplo, en las reducciones jesuitas de Moxos y Chiquitos, para educar a los niños y niñas se estableció todo tipo de talleres en los cuales se enseñaba varios oficios manuales artesanales. También los niños aprendieron agricultura y ganadería. De esta manera, se les preparaba para constituirse en el futuro en mano de obra calificada disponible para mejorar las ganancias del colonizador durante la explotación. Después de la expulsión de los jesuitas en 1767, los indígenas de las reducciones ya estaban disciplinados de cuerpo y mente para ser subyugados. En la medida que iban adquiriendo nuevos conocimientos, sus antiguos conocimientos se fueron perdiendo o iban pasando a un segundo plano, siendo considerados inferiores. La educación enajenada provocó que los hombres y mujeres sean formados para pensar que todo lo que produjeron en conocimientos, tradiciones, normas y valores sociales desde sus sociedades fue siempre inferior, y lo externo, es decir lo que trajo el colonizador, es superior.
El suplicio
El suplicio como sometimiento al tormento público del cuerpo del colonizado que se levanta contra el colonizador, es una lección para todos los dominados. Por temor a ser castigados con la flagelación de sus cuerpos hasta provocarles la muerte, los dominados no se levantarán contra el colonizador. El suplicio les dejará un trauma. Los descuartizamientos públicos de los líderes Tupaq Amaru y Tupaq Katari, la exhibición de sus brazos, piernas, cabezas en los diferentes poblados rebeldes, como también el suplicio de miles de protagonistas de los levantamientos indígenas entre 1780 y 1782 y la exhibición de sus cabezas en estacas a lo largo de los caminos que unen los pueblos rebeldes con los principales centros coloniales, provocará un trauma en la conciencia colectiva de los aymaras y quechuas. Desde esa época hasta el final de la colonia jamás volverán a protagonizar levantamientos tan grandes.
El castigo servil
El colonizado obligado a servir en la hacienda del colonizador recibirá el azote, castigo corporal por no servir a su amo de manera adecuada, o sea con sumisión y obediencia. Este castigo servil se convierte, en muchos casos, en una lección a las nuevas generaciones, cuando se lo ejerce frente a los hijos del dominado. El niño que presencia el azote de su padre crece creyendo que a el le tocará vivir la misma explotación y abuso, entonces se resigna desde temprana edad a ser dominado. Este aspecto es muy importante en el caso boliviano, si tomamos en cuenta a las miles de personas que no tuvieron oportunidad de entrar a una escuela, sin embargo llevan con ellos una casi nula autovaloración. Creen por ejemplo, que ellos no nacieron para el estudio, que nunca podrán aprender algo en una escuela, o que si lo hacen tendrán sus límites. Por el contrario, piensan que ellos solo sirven para el trabajo manual duro y sacrificado.
Reflexiones finales
La colonización en general ha trascendido más allá de 1825, por eso hoy, con mayor amplitud podemos hablar de un Estado republicano colonial vigente desde ese año hasta el año 2006. Pero concretamente podemos decir que la colonización subjetiva continúa haciendo de las suyas. La práctica de la religión cristiana católica y con eso la confianza en las autoridades eclesiales, hasta hace pocos meses ha hecho dudar a muchos bolivianos y bolivianas de su apoyo al proceso de cambio que encabeza Evo Morales, basta recordar los sermones del cardenal Terrazas en los que este decía que el gobierno del MAS era totalitario.
En cuanto a la educación, se continúa educando desde los valores, normas y conocimientos de afuera; es decir, de la sociedad moderna y capitalista, y no así desde nuestras sociedades ancestrales que son comunitarias. Con esto no estamos queriendo decir que se elimine de la enseñanza los conocimientos científicos y tecnológicos alcanzados a nivel mundial, sino que también se debe tomar en cuenta los conocimientos desarrollados ancestralmente por nuestras sociedades originarias. Sin embargo, el planteamiento de implementar una verdadera revolución educativa descolonizadora parece que ha quedado en el olvido a causa de la oposición vehemente de las clases medias y altas, cuyo interés es de mantener las estructuras de explotación de las que se sirven.
Si bien, los suplicios que se practicaron en la época de la colonia han dejado su secuela hasta sólo un par de décadas atrás en las naciones originarias o tal vez menos, hoy ya no se las practica. Sin embargo hasta hace sólo un par de años se denunciaba la semiesclavitud o servidumbre en la que vivían muchos indígenas en haciendas en la región del Chaco, estos todavía sometidos a duros castigos corporales y psicológicos por parte de sus amos. Por otro lado, el proceso de alfabetización en Bolivia nos demostró cómo miles de bolivianos analfabetos puros de áreas rurales, que alguna vez habían estado sometidos a un patrón, estaban seguros de que el estudio no era para ellos y fueron los que más se resistieron a incorporarse a los cursos de alfabetización a diferencia de los semianalfabetos.
La colonización subjetiva aún perdura en la mente de los bolivianos, en algunos casos en menor grado. Esto no nos permite ser lo que ancestralmente fuimos: aymaras, quechuas, guaraníes, moxos, chiquitanos, etc. Negamos constantemente la sangre indígena que corre por nuestras venas, e insultamos o menospreciamos a aquel que tuvo la suerte de heredar los rasgos raciales de la indianidad, que muchos no heredamos a causa de la violación que sufrieron las mujeres entre nuestros antepasados por el colonizador.
Para iniciar un verdadero proceso descolonizador hoy debemos empezar por escudriñar nuestra historia legítima, nuestros orígenes, la producción tecnológica, política y económica que desarrollaron nuestras sociedades ancestrales; esto es, comenzar por el principio cuando fuimos libres de la colonización.




 

[1] Este ensayo fue publicado en la revista cruceña La multitud, en diciembre de 2009. Por la temática que aborda consideramos necesaria su lectura para el debate sobre la descolonización.

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